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La Poderosa no se calla: detenciones, torturas y causas armadas, entre otros relatos del horror

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Después de pasar dos noches detenidos, esta tarde liberaron a Roque Azcurraire, fotógrafo de La Garganta Poderosa, y a Juan Pablo Mónaco, su cuñado, encarcelados el sábado por filmar cómo la Prefectura baleaba la casa de Iván Navarro, el joven torturado por efectivos de esa fuerza en 2016. Los hechos no fueron al azar: esta semana debe declarar la familia del joven. “Con esta nueva intimidación quieren enseñar a todos los vecinos que se manejan con impunidad», dijo La Poderosa a lavaca. «Pero nosotros no nos vamos a callar nunca: seguiremos denunciando lo que hacen en los barrios. El viernes saldremos de la villa 21 juntos a muchas otras organizaciones sociales, encabezados por Roque, Pablo y Nora Cortiñas”.  Relatos del horror en primera persona, el abrazo colectivo con que los recibieron y un aviso: el viernes habrá una movilización a Tribunales.

La Poderosa no se calla: detenciones, torturas y causas armadas, entre otros relatos del horror

Roque, tras ser liberado, rodeado de sus compañeros y compañeras de La Poderosa.
Foto: M.A.f.I.A

Decenas de camisetas rojas de la Garganta Poderosa se convocaron esta mañana frente al Palacio de Tribunales. Llegaron de la Villa 21 y de otros barrios para no dejar solos a Roque Azcurraire, fotógrafo de la Garganta, y a Juan Pablo Mónaco, su cuñado. Ambos fueron arrestados el sábado durante un ataque con balas, golpes y manoseos de la Prefectura contra los habitantes del barrio y a la casa de Iván Navarro, el joven que fue torturado por efectivos de esa misma fuerza en 2016, y cuyo caso llevó a juicio a seis prefectos. El proceso comenzó la semana pasada y en estos días se espera la declaración de la familia del joven. Por ese motivo, los vecinos e integrantes de La Poderosa entienden que la represión no fue casual.

Alrededor de las dos de la tarde, y luego de estar dos noches detenidos, Roque y Juan Pablo fueron liberados después de declarar ante la jueza Carina Rodríguez, del Juzgado 29. Sus compañeras y compañeros los esperaban en la escalera de la calle Tucumán. Al verlos, celebraron con energía, abrazándolos colectivamente y cantando todos juntos. “Por lo de Pablo vamos a gritar, Patricia Bullrich ya tenés que renunciar” y “A ver si escuchan en Marcos Paz, que la Garganta no se calla nunca más”, fueron entre los coros que se levantaron.

Pocos minutos antes, Daniela Mérida, comunicadora de La Garganta, había contado a lavaca los acontecimientos. “Lo que pasó el sábado fue una atrocidad de la fuerza de seguridad. Tiraron gases lacrimógenos en la calle, dispararon balas de goma. Entraron en la casa de un compañero nuestro de manera prepotente, golpeando la familia, golpeándole a él, al cuñado, a una hermana. La chica fue manoseada por policías hombres, aunque la ley dice que solo una mujer puede requisar a otra mujer. También se la llevaron por el barrio durante varias horas, en el patrullero, sin que nosotras pudiéramos saber dónde estaba”.

Sigue Daniela: “Mientras María fue liberada, Pablo y Roque quedaron detenidos. Los llevaron a la garita de Pedro de Luján y Luna y después a la comisaría 30. Esta mañana, los trasladaron acá, para que declaren. Denunciamos la violencia de esta operación, que es parte de ataques cotidianos contra los vecinos del barrio. Estamos cansados. Este Gobierno le ha dado mano libre para que hagan lo que quieran. El abuso ya es insostenible. Pero nosotros no vamos a permitir que siga así”.

El horror en primera persona

La Poderosa denunció que no es casual la represión de Prefectura en el barrio a una semana del inicio del juicio contra los seis prefectos acusados de torturar a Navarro.

Así lo denunció el propio Roque desde los medios de La Garganta:

“Hace dos noches que vengo atrapado en la misma pesadilla: una secuencia espeluznante que decidieron grabar en mi propia casa, volviéndome protagonista del miedo que comenzó cuando uno de mis sobrinos apareció corriendo desesperado, porque la Prefectura había golpeado a su hermano arriba del colectivo. Alertados por su agitación, varios vecinos salieron hasta la avenida Iriarte para exigir explicaciones ante un ejército de fantasmas armados, sin identificación. Nada nuevo. Nada raro. Nada casual.

Mi casa está ubicada en un pasillo de la Villa 21. Y ese pasillo nace justo en la casa de Iván Navarro, nuestro compañero torturado hace dos años por esta misma Fuerza, que hace una semana tiene a 6 prefectos en el banquillo de los acusados por esa causa. O sea, lo torturó la Prefectura y hoy lo cuida la Prefectura, ¿entienden? Pues justo ahí, se les dio por empezar a reprimir el tumulto de personas que habían agitado ellos mismos, con sus maltratos a los chicos. Al principio, traté de apaciguar los ánimos mediante el diálogo, pero poco a poco iban cayendo más y más uniformados, con escudos antidisturbios. No había delito, ni conflicto, ni nadie para perseguir: había un plan premeditado, para venir a reprimir. Así, de una, comenzaron a repartir palazos a mansalva y balazos de goma contra la casa de Iván, donde además vive su papá, que debe declarar el próximo viernes.

Lejos de cualquier heroísmo, decidí resguardarme junto a los míos en mi domicilio porque lógicamente me asusté, pero nunca imaginé que también ellos irrumpirían en el pasillo, apaleando mujeres y niños, hasta llegar a mi puerta. Sin orden judicial, ¡la rompieron a patadas! Y trataron de señalar que utilizábamos un palo para defendernos, cuando el único palo que había era la «llave» que cierra desde adentro nuestra casa, donde vivimos tres familias juntas, sin cerradura.

Ante los ojos brillosos de mi sobrinito, embistieron contra todos nosotros, pegándole a mi cuñado, manoseando a mi hermana, arrastrándome por el piso, lastimándonos a todos. Invadidos, literalmente, por quienes vienen a «cuidarnos», terminamos nadie sabe cómo detenidos por vaya a saber uno qué delito y fuimos trasladados hasta la garita en Luna y Luján, padeciendo la misma práctica que aplicaron en los 6 casos de tortura que La Garganta denunció en mi barrio, sólo entre abril y mayo: el «levantamuertos». Gas pimienta en los ojos y esposas en las manos, para vernos retorcidos en el piso. Yo les rogaba que me quitaran las esposas para poder respirar, porque necesitaba frotarme la cara, que se me quemaba en un ardor insoportable. Pero se mataban de risa: «Callate, negro de mierda, que no pasa nada, es todo psicológico», me decían, entre patadas y trompadas.

Al llegar a la garita, nos tiraron en el piso y hacían fila para golpearnos. Nos obligaban a repetir nuestros nombres, entre rodillazos a las costillas. Y después otra vez, entre pisotones en los pies. Y después otra vez, entre patadas a los tobillos. Y después otra vez, entre piñas a la cabeza. Gritando, como pude, intenté decirles que tengo una hendidura en el cráneo y podían matarme si seguían haciendo eso. Pero la respuesta fue más clara todavía: “Por eso lo hacemos, porque a ustedes hay que matarlos».

Después de tres horas, mientras un patrullero paseaba a mi hermana por toda la villa, sin avisarle a mis compañeros, ni a mi familia, que la seguían buscando, me trasladaron hasta la Comisaría 30 junto a mi cuñado Pablo. Y sinceramente, otra vez lejos de todo heroísmo, mi desesperación era tan grande que sólo les repetía en el patrullero: “Ya está, basta, si me van a matar, mátenme, pero mátenme ahora”. Yo no hice nada. O sí: luché, luché y voy a seguir luchando, para que nunca más ningún villero deba sufrir esta mierda. No tengo dudas que me pasa por pobre y me pasa por negro, pero también me pasa por no callarme la boca y por seguir abriendo La Garganta, para que nuestro grito retumbe por todos lados”.

Razzia de abusos

La vecina y asambleísta de la villa 21, Jésica Azcurraire, hermana de Roque, también relató los abusos de los prefectos. “Largada su razzia, una vez más, veo cómo la Prefectura empieza a lanzar gases en el pasillo donde vivimos y corro lo más rápido posible para entrar a casa, creyendo que nos pondríamos a salvo. Pero no existe ley para ellos cuando de la villa se trata: automáticamente comenzamos a escuchar cómo pateaban el portón, cada vez más fuerte, hasta dejarlo como un papel rasgado. Entraron, sí, como si nada. Todos hombres, cinco, me agarraron de los pelos, me apretaron el cuello, me patearon las piernas y me dieron con sus palos, hasta que uno me puso contra la pared, manoseándome las tetas. Aterrada, grité: ´¡Soltame, me estás tocando!´. Y peor, me estrujó como una bestia: ´Callate, puta de mierda. ¡Callate, la re concha de tu madre! Negra de mierda, sucia, bocona´”.

Lo que viene

La carátula de la causa contra Roque y Juan Pablo es ´Robo en banda y en poblado´. La Poderosa denuncia, por el contrario, que Roque fue preso justamente por ser un fotógrafo de la revista. “Dicen que quería robar el arma a un prefecto”, cuenta Mérida. “Todos los que conocen a Roque saben que esto es mentira. Es un chico flaco y pacífico. Lo que estaba haciendo es documentar los abusos que estaban pasando en su misma casa. Es lo que hacemos todos nosotros: documentar y denunciar la violencia policial en los barrios. Cuando vieron que estaba filmando le sacaron la cámara, lo pegaron y se lo llevaron”.

Mérida destaca que Roque, hace un par de años, tuvo un accidente de moto. “Desde entonces no tiene la parte adelante del hueso del cráneo. Tiene una placa. Le pegaron justo en la cara. Si hubieran seguido, ahora estaría muerto”.

Con Roque y Juan Pablo de nuevo en la calle, y luego del abrazo y canto colectivo, la integrante de La Poderosa detalla cómo sigue esta semana. “Lo que pasó hace dos días no es casualidad. A dos casas de Roque vive la abuela de Iván. Con esta nueva intimidación quieren enseñar a todos los vecinos que se manejan con impunidad. Pero nosotros no nos vamos a callar nunca. Seguiremos denunciando lo que hacen en los barrios. El viernes saldremos de la villa 21 juntos a muchas otras organizaciones sociales. La marcha será encabezada por Roque, Pablo y Nora Cortiñas”.

Documental a un año de la represión del 12 de marzo

Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

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El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.

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MU 211: Método Pablo

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MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.




MU 211: Método Pablo

Pablo Grillo: Salvar la vida

¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA




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El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”

Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA




MU 211: Método Pablo

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión

Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA




MU 211: Método Pablo

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur

Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI




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En movimiento: Movilizaciones 2026

Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.




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Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura

Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI




MU 211: Método Pablo

Carta abierta: Masacre planificada 2026

Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI




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Politizate: La Kalo

Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI




MU 211: Método Pablo

No podrán: Luciana Jury

Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA




Cabo suelto: Crónicas del más acá

Carlos Melone

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INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL

Temporada de femicidios

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Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)

Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.

Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.

Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.

No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.

Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los  femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Temporada de femicidios

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.

Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.

El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Temporada de femicidios

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.

Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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