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Paro docente: Quiénes somos

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¿Quiénes somos? se pregunta Carlos Melone, docente y autor de las Crónicas del más acá que ocupan las contratapas de MU. Las respuestas son estas reflexiones sobre qué significa ser docente aquí y ahora, de paro y en la calle.
Por Carlos Melone*, docente.
¿Quiénes somos?
Muchos.
Los docentes somos muchos. Un montón.
Eso no contesta la pregunta pero inicia un camino.
Ser muchos es una forma de ser. Somos muchos y somos uno con muchos a cuestas. Una suerte de esquizofrenia controlada aunque a veces me pregunto cuanto de controlada tiene.
Un buen ejercicio del oficio docente exige ser Uno y ser Muchos sin dejar de ser Uno.
O sea, siempre terminamos ligeramente del tomate.
En horas de hielo y fuego, pensarse mientras se hace y hacerse mientras se piensa no es un lujo de diletantes fofos tirados en un sillón: es un imperativo de lucha.
Contestar a quiénes somos significa pensar en transitar la vida, los deseos, los anhelos, los sueños y las decepciones entre el olímpico mandato de ser custodios del saber, la cultura, y el futuro de una Nación; ser Atlas sosteniendo el Mundo y por otra parte convivir con la insistente apreciación de ser considerados una piara de vagos que, como tales, trabajan poco, descansan mucho (el increíble 3 meses de vacaciones y 4 horas de trabajo goza de una inédita salud a pesar de su absurdo: jamás ocurrió), quejosos laboralmente y ser vistos más brutos que un arado de madera.
Que trabajadores, que profesionales, que ejemplos de vida, que académicos, que intelectuales, que reproductores sociales, que segunda mamá, que colegiados, que agremiados, que empleados públicos, que funcionarios, que hijos de las artes liberales…
En esa ancha franja de representaciones, se mueven los icónicos guardapolvos blancos y todos los que no usamos guardapolvos pero somos parte de la Jungla.
Aunque la carga más pesada la llevan los maestros. O mejor dicho, las Maestras.
Ellas.
Una naturaleza salvaje que reconoce elegantes jirafas; descontracturados perezosos; temibles felinos; sabios zorros; bellos y delicados cervatillos; pesados elefantes; aburridos e indolentes búfalos; unas cuantas serpientes, un número importante de burros y monos de todos los colores y tamaños.
Somos muchos.
En ese ancho mundo entre apostolados y demonizaciones transita (otra vez) un largo brazo de reclamos que, ya se sabe, a lo largo de la historia no solo fueron paros. Carpa Blanca, Marcha Blanca, Retenciones de Tareas, Mesas de Diálogo, Cortes de Manga, Corte de Puentes y toda la amplia gama de ocurrencias que inunden la imaginería gremial y reclamativa en una Sociedad Fracturada.
¿Quiénes somos?
Somos habitantes de un viejo aparato escolar, constituido y organizado con las lógicas del siglo XIX y lleno de parches, nostalgias, programas especiales que intentan hacer andar el obsoleto cachivache, protagonistas en muchos casos de intentos hercúleos, heroicos de  darle un sentido que se despegue de las viejas tradiciones y que convierta en efectivo y emancipador el viejo derecho de aprender.
Nos sale más o menos.
Somos habitantes de una Sociedad Fragmentada, astillada, estallada, donde la extranjerización del otro, donde la dilución de códigos de articulación para vivir; donde los guetos de todos los formatos y visibilidades vuelven el acto de enseñar un desconcertante imposible freudiano.
Una sociedad de desigualdades pornográficas, donde todo está a la vista y caminamos ciegos en una ironía borgeana.
Si hace algunas décadas la geometría nos ofrecía el triángulo para representar a la sociedad, hoy necesitamos de la geografía para representarla como un archipiélago.
Si enseñar es mostrar mundos… ¿Cómo muestro al que no veo? ¿Cómo navego de una isla a la otra?
¿Cómo se enseña cuando no se conoce al Otro? No se trata de saber direcciones o barrios o situaciones de carencia o de satisfacción.
Es saber quién sos. Es saber quién soy. ¿De qué se tratan nuestras vidas? Sabiendo que no sabré. Pero buscando.
¿Entonces?: Exploradores. Navegantes. Algo de eso somos. Muchos se pierden. Ni hadas madrinas ni  gnomos indolentes.
Tampoco el Holandés Errante.
Aunque de esos hay. Muchos.
Ya lo dije: somos muchos.
¿Los Gobiernos? Hacen lo que hacen todos los gobiernos. Algunos son más cuidadosos y diseñan redes de contención para atenuar los efectos de lo inevitable en tiempos de capital financiero y consumos que incluyen al Otro como objeto. A otros gobiernos se les nota la marca en el orillo, diría mi abuela, y carecen del refinamiento de la sutileza: son brutos y brutales.
Pero todos se quejan de ese aparato pesado, viejo y caro llamado Sistema Escolar. Encima habitado por una multitud contradictoria, confusa, de lobos y corderos. Les gustaría algo más ágil, barato y funcional a ese capital líquido, fluido, inestable. Incluso hay un Ministro al que le parece que sería deseable que disfrutáramos esa inestabilidad, esa incertidumbre que precariza las vidas.
Lo dicho: brutos y brutales. Transparentes.
No se trata de que “no quieren que la gente se eduque o piense”. Quieren que eso ocurra pero…
La parte más importante del trabajo sucio hace un buen tiempo que lo hacen los indefinibles “medios de comunicación”. Y son muy eficaces.
¿Qué hace un gobierno mientras nos preguntamos quiénes somos?
Lo de siempre: regatea, amaga, acaricia con la mano izquierda y golpea con la mano derecha, sacraliza la niñez e instala el mito del niño rehén.
Como si los niños fuesen libres, como si eligieran quién los educa, a qué hora tienen el recreo, que es lo que van a aprender, como van a ser evaluados, que van a mirar en televisión, quién le va a contar de qué se trata el mundo, quién va a decirle quién es él…
¿Quiénes somos?
La pregunta no toma densidad ante el infinito reclamo de mejores condiciones salariales y de trabajo. No paramos la producción de bienes ni hacemos entrar en crisis el modo de producción burguesa. No ponemos en la encrucijada los modos simbólicos de perpetuación del sistema. Ni siquiera somos vendedores de ilusiones que amenazamos con la desdicha de las almas que se entibian con esa ilusión.
La pregunta toma espesura en la cotidianeidad del desencuentro y la energía que toma crear puentes y navegar aguas inquietas.
Hay alguien del otro lado, sea niño o adulto, esté pleno en sus potencialidades o esté rengo en la vida porque la taba cayó de culo.
Siempre hay alguien del otro lado.
Alguien que cree que tiene algo para ofrecer y compartir, todo el tiempo, todos los días, en el espacio aula, en el encuentro casual con un libro, con una película, con una idea, con una situación.
Pasa el conflicto, los Yetis de la comunicación calman sus aullidos, vuelve el rico a su riqueza, vuelve el pobre a su pobreza y el señor cura a sus misas y entonces nos quedamos en un aula, especialmente las Maestras, Ellas, viendo de qué se trata esto, cómo se hace en lo que no se hace, como se enseña lo que no se sabe, como se aprende sin mirar planillas.
Hace un tiempo trabajaba en una escuela muy humilde de Quilmes. Se anclaba en el borde de un barrio/villa que se inclinaba hacia el río. Su pequeño fondo arbolado colindaba con una escuela de las más caras del país. Se veía, ya que nos separaba un alambrado modesto, una espléndida cancha de rugby, instalaciones amplias e confortables y al fondo una pileta de natación cercana a las medidas olímpicas.
También nos separaba una numerosa y discreta guardia de seguridad y un universo de sentido y de vida.
Mis pibes veían todos los días a los otros. Pero no eran vistos.
Entre mis estudiantes tenía una nena de 16 años que jamás hablaba en clase. Se esforzaba en hacer su tarea y le costaba una enormidad. Me escuchaba con atención voraz, nos quedábamos trabajando en los recreos pero no hablaba más que o no. Cuando le preguntaba algo sobre su vida, preguntas inocentes y clásicas, bajaba sus ojos oscuros y callaba. Cuando le hacía preguntas de la materia por escrito, contestaba siempre, con tropiezos y golpes pero lo hacía. Cuando le preguntaba lo mismo oralmente, callaba.
Sabía, por sus compañeros, que vivía muy modestamente con su abuela y que lavaba ropa para otros.
Un día de calor, estábamos trabajando en el patio bajo unos árboles añosos y corpulentos y veíamos a los pibes del otro colegio jugando al rugby. En un instante en que estaba escribiendo en su carpeta un ejercicio de análisis social (yo sospechaba que le gustaba que le escribiera consignas y ejercicios en su carpeta), Ella, sin dejar de observar a los muchachos jugando me dijo:
-Profe, ¿cómo será esa vida?
Me quedé helado. Había hablado, y vaya que lo había hecho.
Después de unos instantes, le contesté:
No tengo idea. Pero seguro que ellos no tienen que lavar la ropa como tengo que hacerlo Yo cuando llegue a casa.
Se le iluminaron los ojos, se rió con una frescura que no le conocía y me dijo que ella también tenía que hacerlo. Nunca más dejamos de conversar, como si nunca hubiese existido silencio entre nosotros, hasta que terminó el año.
Navegar, a veces, es azar. Los cristales se rompen en cualquier momento.
Como cuando sonreímos la primera vez que escribimos en un papel cualquiera nuestro nombre.
De eso se trata lo que somos.
Pero no termina ahí.
Sigue en la calle.
 
*Carlos Melone es, además de docente, el autor de las Crónicas del más acá que ocupan las contratapas de MU.

Artes

Un festival para celebrar el freno al vaciamiento del teatro

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La revista Llegás lanza la 8ª edición de su tradicional encuentro artístico, que incluye 35 obras a mitad de precio y algunas gratuitas. Del 31 de agosto al 12 de septiembre habrá espectáculos de teatro, danza, circo, música y magia en 15 salas de la Ciudad de Buenos Aires. El festival llega con una victoria bajo el brazo: este jueves el Senado rechazó el decreto 345/25 que pretendía desguazar el Instituto Nacional del Teatro.

Por María del Carmen Varela.

«La lucha continúa», vitorearon este jueves desde la escena teatral, una vez derogado el decreto 345/25 impulsado por el gobierno nacional para vaciar el Instituto Nacional del Teatro (INT).

En ese plan colectivo de continuar la resistencia, la revista Llegás, que ya lleva más de dos décadas visibilizando e impulsando la escena local, organiza la 8ª edición de su Festival de teatro, que en esta ocasión tendrá 35 obras a mitad de precio y algunas gratuitas, en 15 salas de la Ciudad de Buenos Aires. Del 31 de agosto al 12 de septiembre, más de 250 artistas escénicos se encontrarán con el público para compartir espectáculos de teatro, danza, circo, música y magia.

El encuentro de apertura se llevará a cabo en Factoría Club Social el domingo 31 de agosto a las 18. Una hora antes arrancarán las primeras dos obras que inauguran el festival: Evitácora, con dramaturgia de Ana Alvarado, la interpretación de Carolina Tejeda y Leonardo Volpedo y la dirección de Caro Ruy y Javier Swedsky, así como Las Cautivas, en el Teatro Metropolitan, de Mariano Tenconi Blanco, con Lorena Vega y Laura Paredes. La fiesta de cierre será en el Circuito Cultural JJ el viernes 12 de septiembre a las 20. En esta oportunidad se convocó a elencos y salas de teatro independiente, oficial y comercial.

Esta comunión artística impulsada por Llegás se da en un contexto de preocupación por el avance del gobierno nacional contra todo el ámbito de la cultura. La derogación del decreto 345/25 es un bálsamo para la escena teatral, porque sin el funcionamiento natural del INT corren serio riesgo la permanencia de muchas salas de teatro independiente en todo el país. Luego de su tratamiento en Diputados, el Senado rechazó el decreto por amplia mayoría: 57 rechazos, 13 votos afirmativos y una abstención.

“Realizar un festival es continuar con el aporte a la producción de eventos culturales desde diversos puntos de vista, ya que todos los hacedores de Llegás pertenecemos a diferentes disciplinas artísticas. A lo largo de nuestros 21 años mantenemos la gratuidad de nuestro medio de comunicación, una señal de identidad del festival que mantiene el espíritu de nuestra revista y fomenta el intercambio con las compañías teatrales”, cuenta Ricardo Tamburrano, director de la revista y quien junto a la bailarina y coreógrafa Melina Seldes organizan Llegás.

Más información y compra de entradas: www.festival-llegas.com.ar

Un festival para celebrar el freno al vaciamiento del teatro
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Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

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A 44 años del atentado en plena dictadura contra el Teatro El Picadero, ayer se juntaron en su puerta unas 200 personas para recordar ese triste episodio, pero también para recuperar el espíritu de la comunidad artística de entonces que no se dejó vencer por el desaliento. En defensa del Instituto Nacional del Teatro se organizó una lectura performática a cargo de reconocidas actrices de la escena independiente. El final fue a puro tambor con Talleres Batuka. Horas más tarde, la Cámara de Diputados dio media sanción a la derogación del Decreto 345 que desfinancia al Instituto Nacional del Teatro, entre otros organismos de la Cultura.

Por María del Carmen Varela

Fotos Lina Etchesuri para lavaca

Homenaje a la resistencia cultural de Teatro Abierto. En plena dictadura señaló una esperanza.

Esto puede leerse en la placa ubicada en la puerta del Picadero, en el mítico pasaje Discépolo, inaugurado en julio de 1980, un año antes del incendio intencional que lo dejara arrasado y solo quedara en pie parte de la fachada y una grada de cemento. “Esa madrugada del 6 de agosto prendieron fuego el teatro hasta los cimientos. Había empezado Teatro Abierto de esa manera, con fuego. No lo apagaron nunca más. El teatro que quemaron goza de buena salud, está acá”, dijo la actriz Antonia De Michelis, quien junto a la dramaturga Ana Schimelman ofició de presentadoras.

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

La primera lectura estuvo a cargo de Mersi Sevares, Gradiva Rondano y Pilar Pacheco. “Tres compañeras —contó Ana Schimelman— que son parte de ENTRÁ (Encuentro Nacional de Teatro en Resistencia Activa) un grupo que hace dos meses se empezó a juntar los domingos a la tarde, a la hora de la siesta, ante la angustia de cosas que están pasando, decidimos responder así, juntándonos, mirándonos a las caras, no mirando más pantallas”. Escuchamos en estas jóvenes voces “Decir sí” —una de las 21 obras que participó de Teatro Abierto —de la emblemática dramaturga Griselda Gambaro. Una vez terminada la primera lectura de la tarde, Ana invitó a lxs presentes a concurrir a la audiencia abierta que se realizará en el Congreso de la Nación el próximo viernes 8 a las 16. “Van a exponer un montón de artistas referentes de la cultura. Hay que estar ahí”.

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Las actrices Andrea Nussembaum, María Inés Sancerni y el actor Mariano Sayavedra, parte del elenco de la obra “Civilización”, con dramaturgia de Mariano Saba y dirección de Lorena Vega, interpretaron una escena de la obra, que transcurre en 1792 mientras arde el teatro de la Ranchería.

Elisa Carricajo y Laura Paredes, dos de las cuatro integrantes del colectivo teatral Piel de Lava, fueron las siguientes. Ambas sumaron un fragmento de su obra “Parlamento”. Para finalizar Lorena Vega y Valeria Lois interpretaron “El acompañamiento”, de Carlos Gorostiza.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Con dramaturgia actual y de los años ´80, el encuentro reunió a varias generaciones que pusieron en práctica el ejercicio de la memoria, abrazaron al teatro y bailaron al ritmo de los tambores de Talleres Batuka. “Acá está Bety, la jubilada patotera. Si ella está defendiendo sus derechos en la calle, cómo no vamos a estar nosotrxs”, dijo la directora de Batuka señalando a Beatriz Blanco, la jubilada de 81 años que cayó de nuca al ser gaseada y empujada por un policía durante la marcha de jubiladxs en marzo de este año y a quien la ministra Bullrich acusó de “señora patotera”.

Todxs la aplaudieron y Bety se emocionó.

El pasaje Santos Discépolo fue puro festejo.

Por la lucha, por el teatro, por estar juntxs.

Continuará.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

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La vida de dos mujeres en la Isla de la Paternal, entre la memoria y la lucha: una obra imperdible

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Una obra única que recorre el barrio de Paternal a través de postas de memoria, de lucha y en actual riesgo: del Albergue Warnes que soñó Eva Perón, quedó inconcluso y luego se utilizó como centro clandestino de detención; al Siluetazo de los 80´, los restoranes notables, los murales de Maradona y el orfanato Garrigós, del cual las protagonistas son parte. Vanesa Weinberg y Laura Nevole nos llevan de la mano por un mapa que nos hace ver el territorio cotidiano en perspectiva y con arte. Una obra que integra la programación de Paraíso Club.

María del Carmen Varela

Las vías del tren San Martín, la avenida Warnes y las bodegas, el Instituto Garrigós y el cementerio de La Chacarita delimitan una pequeña geografía urbana conocida como La Isla de la Paternal. En este lugar de casas bajas, fábricas activas, otras cerradas o devenidas en sitios culturales sucede un hecho teatral que integra a Casa Gómez —espacio dedicado al arte—con las calles del barrio en una pintoresca caminata: Atlas de un mundo imaginado, obra integrante de la programación de Paraíso Club, que ofrece un estreno cada mes.

Sus protagonistas son Ana y Emilia (Vanesa Weinberg y Laura Nevole) y sus versiones con menos edad son interpretadas por Camila Blander y Valentina Werenkraut. Las hermanas crecieron en este rincón de la ciudad; Ana permaneció allí y Emilia salió al mundo con entusiasmo por conocer otras islas más lejanas. Cuenta el programa de mano que ambas “siempre se sintieron atraídas por esos puntos desperdigados por los mapas, que no se sabe si son manchas o islas”.

La historia

A fines de los ´90, Emilia partió de esta isla sin agua alrededor para conocer otras islas: algunas paradisíacas y calurosas, otras frías y remotas. En su intercambio epistolar, iremos conociendo las aventuras de Emilia en tierras no tan firmes…

Ana responde con las anécdotas de su cotidiano y el relato involucra mucho más que la narrativa puramente barrial.  Se entrecruzan la propia historia, la del barrio, la del país. En la esquina de Baunes y Paz Soldán se encuentra su “barco”, anclado en plena isla, la casa familiar donde se criaron, en la que cada hermana tomó su decisión. Una, la de quedarse, otra la de marcharse: “Quien vive en una isla desea irse y también tiene miedo de salir”.

A dos cuadras de la casa, vemos el predio donde estaba el Albergue Warnes, un edificio de diez pisos que nunca terminó de construirse, para el que Eva Perón había soñado un destino de hospítal de niñxs y cuya enorme estructura inconclusa fue hogar de cientos de familias durante décadas, hasta su demolición en marzo de 1991. Quien escribe, creció en La Isla de La Paternal y vio caer la mole de cemento durante la implosión para la que se utilizó media tonelada de explosivos. Una enorme nube de polvo hizo que el aire se volviera irrespirable por un tiempo considerable para las miles de personas que contemplábamos el monumental estallido.

Emilia recuerda que el Warnes había sido utilizado como lugar de detención y tortura y menciona el Siluetazo, la acción artística iniciada en septiembre de 1983, poco tiempo antes de que finalizara la dictadura y Raúl Alfonsín asumiera la presidencia, que consistía en pintar siluetas de tamaño natural para visibilizar los cuerpos ausentes. El Albergue Warnes formó parte de esa intervención artística exhibida en su fachada. La caminata se detiene en la placita que parece una mini-isla de tamaño irregular, sobre la avenida Warnes frente a las bodegas. La placita a la que mi madre me llevaba casi a diario durante mi infancia, sin sospechar del horror que sucedía a pocos metros.

El siguiente lugar donde recala el grupo de caminantes en una tarde de sábado soleado es el Instituto Crescencia Boado de Garrigós, en Paz Soldán al 5200, que alojaba a niñas huérfanas o con situaciones familiares problemáticas. Las hermanas Ana y Emilia recuerdan a una interna de la que se habían hecho amigas a través de las rejas. “El Garrigós”, como se lo llama en el barrio, fue mucho más que un asilo para niñas. Para muchas, fue su refugio, su hogar. En una nota periodística del portal ANRed —impresa y exhibida en Casa Gómez en el marco de esta obra— las hermanas Sosa, Mónica y Aída, cuentan el rol que el “Garri” tuvo en sus vidas. Vivían con su madre y hermanos en situación de calle hasta que alguien les pasó la información del Consejo de Minoridad y de allí fueron trasladas hasta La Paternal.  Aída: “Pasar de la calle a un lugar limpio, abrigado, con comida todos  los días era impensable. Por un lado, el dolor de haber sido separadas de nuestra madre, pero al mismo tiempo la felicidad de estar en un lugar donde nos sentimos protegidas desde el primer momento”. Mónica afirma: “Somos hijas del Estado” .

De ser un instituto de minoridad, el Garrigós pasó a ser un espacio de promoción de derechos para las infancias dependiente de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia de Argentina (SENAF), pero en marzo de este año comenzó su desmantelamiento. Hubo trabajadorxs despedidxs y se sospecha que, dado el resurgimiento inmobiliario del barrio, el predio podría ser vendido al mejor postor.

El grupo continúa la caminata por un espacio libre de edificios. Pasa por la Asociación Vecinal Círculo La Paternal, donde Ana toma clases de salsa.

En la esquina de Bielsa (ex Morlote) y Paz Soldán está la farmacia donde trabajaba Ana. Las persianas bajas y los estantes despojados dan cuenta de que ahí ya no se venden remedios ni se toma la presión. Ana cuenta que post 2001 el local dejó de abrir, ya que la crisis económica provocó que varios locales de la zona se vieran obligados a cerrar sus puertas.

La Paternal, en especial La Isla, se convirtió en refugio de artistas, con una movida cultural y gastronómica creciente. Dejó de ser una zona barrial gris, barata y mal iluminada y desde hace unos años cotiza en alza en el mercado de compra-venta de inmuebles. Hay más color en el barrio, las paredes lucen murales con el rostro de Diego, siempre vistiendo la camiseta roja del Club Argentinos Juniors . Hay locales que mutaron, una pequeña fábrica ahora es cervecería, la carnicería se transformó en  el restaurante de pastas Tita la Vedette, y la que era la casa que alquilaba la familia de mi compañera de escuela primaria Nancy allá por los ´80, ahora es la renovada y coqueta Casa Gómez, desde donde parte la caminata y a donde volveremos después de escuchar los relatos de Ana y Emilia. 

Allí veremos cuatro edificios dibujados en tinta celeste, enmarcados y colgados sobre la pared. El Garrigós, la farmacia, el albergue Warnes y el MN Santa Inés, una antigua panadería que cerró al morir su dueño y que una década más tarde fuera alquilada y reacondicionada por la cheff Jazmín Marturet. El ahora restaurante fue reciente ganador de una estrella Michelín y agota las reservas cada fin de semana.

Lxs caminantes volvemos al lugar del que partimos y las hermanas Ana y Emilia nos dicen adiós.

Y así, quienes durante una hora caminamos juntxs, nos dispersamos, abadonamos La Isla y partimos hacia otras tierras, otros puntos geográficos donde también, como Ana y Emilia, tengamos la posibilidad de reconstruir nuestros propios mapas de vida.

Atlas de un mundo imaginado

Sábados 9 y 16 de agosto, domingos 10 y 17 de agosto. Domingo 14 de septiembre y sábado 20 de septiembre

Casa Gómez, Yeruá 4962, CABA.

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