|
Texto del escrache al comisario Ernesto Weber, acusado de los asesinatos de Riva, Lamagna y Almirón
"La historia hoy vuelve a golpear las puertas de Villa Crespo evocando un pasado que se conjugará en tiempo presente mientras no se haga justicia. Por eso es que hoy estamos aquí. Nuevamente llegamos hasta estas vallas que nos separan de la Comisaria de nuestro barrio, la comisaría Nº 27, y como ya sabíamos los encontramos allí, del otro lado, parapetados y armados al servicio de la impunidad. No somos lo mismo. Estamos acá para denunciar y escrachar a Ernesto Sergio Weber, el comisario, por asesino y represor. Dicho esto, es decisión ética e individual de cada uno, elegir de que lado de la valla estar. El 20 de diciembre de 2001, a cargo del 2° Cuerpo de Operaciones Federales, y siendo subcomisario de la Comisaría 1ra, dio la orden de "abrir fuego" contra los cientos de manifestantes que se encontraban en la zona de Av. de Mayo y 9 de Julio repudiando la represión de la noche anterior, cuando Fernando de La Rúa decretó el Estado de Sitio. Sus subordinados, asesinaron a Gastón Riva, Diego Lamagna y Carlos Almirón. Hasta el día de hoy Ernesto Sergio Weber no ha sido procesado por la Jueza María R. Servini de Cubría, a pesar de que los Fiscales del Estado, la Cámara Federal, y la CORREPI (como querellante), lo señalan como responsable de tres homicidios y numerosas lesiones. Hace poco más de un año, el 16 de julio de 2004, participó en la represión a los manifestantes que se convocaron frente a la legislatura de la Ciudad para repudiar el tratamiento del excluyente Código Contravencional, que desde entonces regula las relaciones de convivencia acallando y criminalizando las protestas desconsiderando la diversidad de necesidades de una mayoría marginada. En ese entonces, aún como subcomisario de la seccional 1ra., ordenó varias de las detenciones que se efectuaron cuando ya se había desconcentrado la manifestación y en lugares alejados a la Legislatura, evocando los modos de accionar de los grupos de tarea de la última dictadura militar. Quince manifestantes estuvieron presos sin proceso, ilegalmente, (lo que podemos llamar "secuestro de Estado"), durante 14 meses.. Lejos de haber sido investigado y juzgado por estos hechos, en cambio, fue premiado cuando se lo ascendió a la jefatura de esta comisaría. Hace unos meses, precisamente el 16 de agosto, estuvimos presentes frente a esta comisaría recordando a Carlos "Petete" Almirón en el día de su cumpleaños. Convocados por la Correpi y la Coordinadora Zona Sur "Petete Almirón", nos encontramos para repudiar una vez más a los asesinos denunciando la continuidad de las prácticas represivas vigentes hasta hoy en el accionar de las instituciones del Estado, y poniendo en evidencia el doble discurso con que este gobierno entiende los derechos humanos, donde lo que anuncia no lo practica: "la depuración de la maldita policía". No es Justicia la que elige cuándo ser ciega y cuándo no, persiguiendo a quienes hacen público el reclamo de una sociedad libre y digna para todos, y premiando e indultando a quienes ocultos en perversas líneas de mando intervienen con la voz cobarde de las armas, persiguiendo, deteniendo, secuestrando y asesinando... La institución policial no es sinónimo de seguridad. Ante esto nadie puede hacerse el distraído. Cada vez que escuchemos hablar de gatillo fácil; torturas y maltratos en comisarías y cárceles; secuestros; detenciones ilegales por "averiguación de antecedentes"; encarcelamiento de luchadores populares; invenciones de causas judiciales que criminalizan la protesta; debemos recordar que: "No son errores, no son abusos, no son excesos. Es la política represiva del Estado Argentino, que no cesó después de la dictadura, sino que cambió de forma, de sujetos y de discurso legitimador para adaptarse a nuevas etapas", y que hoy impone bajo el "discurso de la inseguridad" la naturalización de la "lógica del terror". Desenmascarar la continuidad que devino en esta lógica requiere ahondar más allá de la mera denuncia, y nos reclama agitar más que nunca la memoria para convertirla en historia viva y en acción. Hace tiempo que la práctica del escrache es retomada por distintas organizaciones y vecinos, que construyendo la condena social a base de solidaridad y compromiso, demuestran que otra justicia es posible. Advertir qué opera en nosotros al enterarnos que hemos convivido y aun convivimos con asesinos; preguntarnos acerca de la confianza que depositamos en determinadas instituciones, es parte del trabajo minucioso y cotidiano que nos convierte en protagonistas de nuestros propios deseos y transformaciones. Escrachar a Ernesto Sergio Weber en su comisaría permite develar dicha continuidad y al mismo tiempo representa, como botón de muestra, a los cientos que aún actúan desde el anonimato. Escrachar a "Los Weber" significa tomar conciencia, negarse a ser indiferentes, y expresar nuestro deseo de no convivir con asesinos -ni los de ayer, ni los de hoy-. No vivir en la impunidad de los asesinos, ni la de sus cómplices y mentores. Escrachando a "los Weber", escrachamos el accionar de "La Justicia" que en lugar de investigarlos y juzgarlos por los asesinatos y represiones en las que están implicados, avala que el Estado mediante sus instituciones los premien y protejan, a sabiendas, que en el peor de los casos, nunca se sumaran a los miles de desocupados, ya que tendrán su "puestito" en las agencias de seguridad privada. Escrachando a "los Weber", escrachamos el accionar de la institución policial que se fortalece nuevamente al comprobar que la justicia no toca sus filas y que lo que dentro de ellas suceda, en ellas muere: el abuso de autoridad, la continuidad de los métodos represivos y la reafirmación de una mafia que se perpetúa transmitiendo de generación a generación la práctica de la intimidación, la apropiación y el asesinato. Escrachando a "los Weber", escrachamos la continuidad de una escuela ideológica que se traspasa tanto de padres a hijos como de oficiales a subordinados. En este punto, no podemos olvidar que Ernesto Enrique Frimón Weber, padre de Ernesto Sergio Weber, fue subcomisario de la Policía Federal durante la última dictadura militar, y que bajo el alias "El Maestro" o "220", asesinó, torturó y formó asesinos en la ESMA, entrenándolos en el uso de la picana. Escrachamos en respuesta a la injusticia, poniendo en evidencia lo que está oculto, rompiendo con la impunidad, con la pasividad y el conformismo. Escrachamos para reconstruir la historia, las identidades, los lazos solidarios, continuando, con todos los que hoy siguen creyendo que una vida mejor es posible, la lucha de quienes hoy no están presentes". !!! No seremos indiferentes a la impunidad !!! Mesa de Escrache Popular, por los barrios.
publicada 20/12/2005
 éstas notas pueden ser reproducidas libremente, total o parcialmente (siempre que sea con fines no comerciales), aunque agradeceríamos que citaran la fuente.
|