Nota
Sin patrones: malnutrición y cuerpos disidentes
El trastorno alimentario es una de las principales patologías argentinas. De la anorexia a la obesidad, pasando por la sexualidad y el feminismo, ¿cómo sacudirse los mandatos? El derecho a la salud. Qué es lo sano, lo enfermo, y la violencia contra el cuerpo. Por Elisa Corzo.
Aramis tenía entonces 16 años. Era un día de calor, tan húmedo y agobiante como pueden ser los veranos en Berisso. Él evitaba la pileta, pero esa vez los amigos le insistieron y quiso probar suerte. En el camino a la revisación médica su cabeza era masacrada por la convicción de que le sobraba carne para estar ahí. De repente, se cruzó con un amigo del hermano, el típico lindo, atlético y ganador. Lo miró de arriba a abajo, y dijo una frase que lo marcaría para (casi) siempre: “Miralo, se parece a una campana”.
“Esas palabras me causaron una cicatriz que de vez en cuando se resquebraja, y se llama anorexia”, escribió Aramis Lascano muchos años después en la revista platense Otro viento. Allí y por primera vez en su vida pudo hacer público lo que vivió en los años siguientes, cuando llegó a pesar 47 kilos tras un año y medio de saltear comidas y hacer mucho deporte.
Su historia no es un caso aislado: la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA) dio a conocer los estudios internacionales de Mervat Nasser, según los cuales en Argentina el 29% de la población sufre algún tipo de trastorno alimentario. El estudio ubicó a nuestro país en el segundo lugar con más casos después de Japón. Los datos locales fueron aportados ALUBA y su titular, Mabel Bello, aclara a MU que surgieron de encuestas realizadas en escuelas secundarias.
Aramis hoy tiene hoy 27 años, es abogadx y activista LGBTI, y trabaja junto a travestis y trans de La Plata. Le cuesta reconstruir algunos hechos de sus tiempos flacos, pero sí detecta con claridad algunos factores desencadenantes: el cambio de la escuela pública a la privada, el no sentirse cómodo en ese ambiente “cheto y discriminatorio”, una familia muy atravesada por el machismo, y la adolescencia misma: “Yo era gordo y en ese momento, que me consideraba heterosexual, sentía que no podía generar atracción hacia ninguna mujer”.
El click llegó tras una reunión de trabajo con dos compañeras de militancia. En un momento de la conversación, una de ellas reveló: “Yo fui anoréxica”.
La otra le responde: “Yo también”.
Y Aramis: “Yo también”.
Lo más importante, dice Aramis, es “salir del silenciamiento”.
Modelos de salud
María Teresa Panzitta es psicóloga, danzaterapeuta, docente e investigadora. Coordina el servicio de Trastorno Alimentario (T.A.) y Obesidad del Hospital municipal Durand.
Panzitta explica que el trastorno alimenticio se desata en la adolescencia y cada vez a edades más tempranas. Así lo confirma el estudio realizado en 2014 por la Facultad de Psicología de la UBA y coordinado por la Dra Guillermina Rutsztein, entre más de 1.000 jóvenes de entre 13 y 19 años de Capital Federal y Gran Buenos Aires. El mismo estima que casi el 10% de las chicas y el 1,6% de los chicos sufren algún Trastorno Alimentario No Específico (TANE).
La especialista aclara que la irrupción del trastorno tiene que ver con el despertar sexual, que pone en primer plano la mirada del otrx. También hay una psicopatología de base y condiciones culturales que van preparando el terreno.
Entre estas últimas apunta a los cánones de belleza y cuerpo. Sobre las mujeres, dice, recae el mandato de ser atractiva, que en nuestra sociedad es sinónimo de ser delgada. Como contracara, se construye la idea de “que ser gorda es ser desagradable”, asegura Panzitta. Los estereotipos también recaen sobre los varones aunque mayormente como “vigorexia, que es la obsesión por tener mucha masa muscular, de ser fibroso, pero no gordo”.
Maximiliano Luna, jefe de Salud Mental en el Hospital Fernández, aporta su mirada desde la psiquiatría: explica que la bulimia y la anorexia hablan de una “falla primaria en la configuración de la identidad, donde no se pudo construir un sujeto de deseo que pueda armar su vida en relación a su cuerpo, y entonces lo niega”.
Por su parte, Mabel Bello, titular de ALUBA, también psiquiatra, hace hincapié en que se trata de “patologías sociales”, que se originan al haber fallas en la comunicación y, en consecuencia, en los encuentros sociales. Ese fracaso, detalla, lleva a que la persona dirija su energía al ideal de ser flaco como garantía de éxito social.
Lxs tres especialistas subrayan la importancia del trabajo en equipo, coordinado e interdisciplinario para responder a una problemática asimismo compleja. En ese sentido, el Durand tiene un servicio modelo: se sostiene desde hace más de 30 años, produce investigaciones y organiza congresos específicos.
Además del diagnóstico, el tratamiento que proponen es individual, grupal e incluye al grupo familiar. Hay talleres de danza para trabajar la percepción del cuerpo y talleres de sensorialidad para distinguir el hambre de la saciedad y recuperar el vínculo alimentario.
Panzitta aclara que si bien la bulimia y la anorexia no son problemas con la comida, sí se expresan en ella. Por eso, insiste en la importancia de cuidar el vínculo alimentario desde la niñez. Al hablar de la “no dieta”, perspectiva desde la que trabajan, dice: “El trastorno alimentario siempre empieza con una dieta”, sentencia. “Al niño no le tenés que generar la sensación de que tiene que estar a dieta porque está gordo. Estar a dieta no es tener que adelgazar”.
Por su parte, Bello describe que buscan trabajar con un enfoque social: “No es solo enseñar a comer, sino que lo difícil es re-socializar porque de lo contrio, en la siguiente frustración en el encuentro social, van a volver a la patología alimentaria. Por eso hacemos mucho énfasis en los encuentros, en bailes, teatro. Y hay talleres de entrenamiento con las familias para que sepan cómo ayudar”.
Este tipo de abordajes supone “un gran desafío para el sistema público de salud”, plantea Maximiliano Luna. La complejidad de la patología lo demanda: “Un hospital no puede funcionar con gente ad honorem y eso pasa en los hospitales de la Ciudad”, apunta. En efecto, el servicio de Trastorno Alimentario del Hospital Fernández que él integraba se disolvió el año pasado por esa causa.
Pese a los problemas, en los hospitales públicos hay equipos que abordan la cuestión interdisciplinariamente, a diferencia de los hospitales privados. “Para acceder a un tratamiento hay una cuestión burocrática muy compleja. Hay una admisión, un cupo de sesiones y no se trabaja en equipo, se trabaja con una cartilla”.
Bello, que también tiene una gran trayectoria en el sistema público (desde 1983 dirigió el servicio de salud mental del Hospital Udaondo) también es crítica sobre la respuesta de los gobiernos. Para ella “hay un prejuicio que aún perdura de que es una enfermedad de la raza blanca y de la clase alta. Y eso no es así. Nosotros hicimos un trabajo en la villa La Cava y encontramos una cantidad enorme de chicas con bulimia y anorexia. En las clases menos favorecidas la ilusión de triunfar a través del cuerpo predispone mas fácilmente a la patología. En el Estado no se le da la importancia que tiene. Son patologías un poco misteriosas, otro poco vergonzantes, de las que no se habla mucho, pero causan estragos en chicos que debieran crecer con seguridad”.
El sistema en el cuerpo
La ley 26.396 declara de interés nacional la prevención y control de los Trastornos Alimentarios. En los medios, circuló como `la ley de la obesidad´ y fue impulsada por el médico y empresario mediático Alberto Cormillot. Fue aprobada y promulgada en 2008, pero nunca reglamentada. Para Mabel Bello es un dato del desinterés de los gobiernos en el asunto.
El otro aspecto crucial es el rol de una industria alimentaria que culpabiliza a los consumidores mientras vende productos y bebidas que rellenan y enferman con químicos, saborizantes, colorantes y aditivos que recubren lo esencial: grasa, sal y azúcar, todo de baja o nula calidad nutricional. La obesidad es solo la manifestación más visible de los efectos de la mala alimentación (MU 129: Súper trampa).
En tanto, el análisis de la normativa permite dar cuenta de los discursos que circulan socialmente en torno a la temática. Por ejemplo, ya la definición de Trastorno Alimentario deja bastante tela para cortar. En su artículo 2º, la ley señala que se debe entender a “la obesidad, a la bulimia y a la anorexia nerviosa” como enfermedades relacionadas con “inadecuadas formas de ingesta alimenticia”. Esto deriva en que las intervenciones que plantea se acoten a promover estilos de vida y de alimentación saludables, a incluir los tratamientos en las prestaciones de las obras sociales o a regular ciertos nichos del mercado/publicidad.
Nicolás Cuello y Laura Contreras se autoproclaman “activistas gordxs”, definiendo así una militancia que reivindica y parte de la politización de sus trayectorias bio-clínico-políticas. Ellxs dedican un capítulo del libro Cuerpos sin patrones a denunciar lo que enmascara una ley que patologiza los cuerpos gordxs siguiendo las prerrogativas de organismos internacionales como la FAO (Organización de Alimentación y Cultura Alimentaria de la ONU) y la OMS (Organización Mundial de la Salud).
Disparan: “Lo curioso es que al mismo tiempo que se define y ataca a la gordura como una enfermedad por sí misma, la propia corporación médica-farmacológica tiene serias dificultades a la hora de señalar algo básico: las causas de la presunta enfermedad y su tratamiento”. La patologización abstrae a la gordura de cualquier complejidad social e invisibiliza a un “sistema neoliberal de producción y control de cuerpos/subjetividades”, dicen en el libro, que establece parámetros de normalidad y patologiza corporalidades que señala como “impropias”, “inadecuadas”, “descalificadas”.
Otras claves que proponen para la lectura crítica de la Ley son: la culpabilización de las personas gordas, la asimilación de lo “saludable” como aquello “no engordante”, el silenciamiento de la discriminación, y la equiparación de experiencias singulares y complejas como la bulimia, la anorexia y la obesidad. En ese marco, denuncian “la fuerte carga moral y discriminatoria del discurso médico” que se materializa en la ley, así como “los intereses comerciales de quienes lucran con la venta de tratamientos y productos adelgazantes, tengan o no aval médico”.
Laura y Nicolás declaran: “Nosotrxs queremos hablar de diversidad corporal y discutimos esa ficción de cuerpo normal/saludable que es delgado/atlético y fibroso, y que representa únicamente dos extremos desviados: gordura y anorexia. Como desde hace décadas movimientos de la diversidad funcional, feministas, lesbianas, trans e intersexuales, ponemos en cuestión el modelo paternalista de la medicina y su jurisdicción absoluta sobre los cuerpos de lxs pacientes/padecientes”.
Así, la propuesta no pasa por el discurso de la aceptación, del llamado a no discriminar, a quererse a unx mismo, sino que busca provocar una “revuelta de los cuerpos gordos contra la policía de la normalidad corporal”.
Recetas feministas
Florencia tiene 21 años, vive Avellaneda y estudia Comunicación en la UBA. En el verano de 2017 comenzó un tratamiento por bulimia. Con su pañuelo verde atado a la mochila, relata: “De chica era muy gorda, luego bajé mucho de peso. Durante seis meses comía una o dos veces por día, y andaba a las corridas, porque trabajaba en Mc Donald’s. Mi alimentación era horrible: comida chatarra. Y los comentarios no eran ‘che, ¿estás comiendo?, ¿comés verduras, leche, nutrientes?’. Me decían: ‘Estás re linda, estás re flaca’. Y ahí te das cuenta que ser flaco está bien visto, aunque te estés alimentando muy mal”.
Para Florencia la bulimia y la anorexia son enfermedades sociales. Cando bajó de peso a la mitad, de golpe, nadie se asustó: “Si es al revés, y acá a enero engordo el doble, la gente se preocuparía. Me pasó: cuando empecé a engordar sentí el contraste de ser o no flaca. Y empecé con la bulimia”.
Parafrasea a Señorita Bimbo -actriz y comediante-: “El amor propio no alcanza para enfrentarte a la sociedad y decir me quiero así como soy. Porque constantemente te sentís excluida. ¡No está bueno ser gorda!, aunque estés sana. Te dicen: ‘sos linda, pero si fueras flaca serías hermosa’”.
Cuando la familia de Florencia descubrió que tenía bulimia, acordaron iniciar un un tratamiento en ALUBA que abandonó al poco tiempo. Le daba culpa que su mamá gastase allí casi todo el sueldo. La modalidad de internación le dificultaba cursar y no se sentía cómoda con las reglas del lugar. Entonces, acudió a la clínica de su obra social donde consigue turnos con los distintos especialistas cada tres semanas. Florencia admite que ese tratamiento le ayuda, pero “porque no llegué, todavía, a un punto tan grave”.
Otro factor que la ayudó a salir fue la facultad. “Me interesé más en conocer otras cosas, estudiar y leer. Mi cuerpo y el cómo me ven pasó a un segundo plano: se trata de ver a qué le das importancia”. Su relación con el feminismo también fue clave: “El feminismo te cura un montón de cosas sobre vos misma. Te dejás de odiar. Yo pasé 20 años metiéndome en la cabeza que tengo que ser flaca y, cuando lo logré, poco más me muero en el intento de mantener ese peso. El feminismo va peleando con todas esas opresiones y apunta a que podamos decir ¿cuál hay si soy gorda?, ¿cuál hay si no me depilo?, ¿cuál hay si no soy la piba que querés que sea? Tiene que ver con una violencia capitalista: para ser perfecta tenés que gastar un montón de plata”.
Aramis Lescano también habla del “hermoso feminismo” como el que le dio herramientas y lxs compañerxs con lxs cuales deconstruir el género, la sexualidad y también, repensar la anorexia: “La anorexia me parece una cuestión de salud pero no sé si una enfermedad: me cuesta verla en el consultorio. La veo como parte de un sistema que disciplina cuerpos que están atravesados por un montón de vulnerabilidades: no es que a mí se me ocurrió dejar de comer de un día para el otro”.
Florencia comenzó su relación con el feminismo en 2015, cuando descubrió “un mundo nuevo”.
“Era de esas chicas que decían: ‘mirá lo que se puso, es re puta’. Nos educan para odiar a la otra pero, si nos unimos todas, somos más fuertes que cualquier Cacho Castaña. De a poco fui rompiendo esas cadenas invisibles. Es como dicen: el que no se mueve no siente sus cadenas, y yo no me daba cuenta de que estaba tan atada al sistema machista. Llevar a la práctica eso que ves en los carteles de las marchas es lo que termina siendo muy liberador”.
Nota
La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Pese a que el Congreso Nacional votó la Ley de Financiamiento Universitario 27.795, y rechazó con más de dos tercios de ambas cámaras la intentona de veto presidencial, y a que fallos judiciales ordenan su cumplimiento inmediato, el Gobierno de los Milei & los Caputo no la aplica. Para los organizadores de la movilización calculada en más de 1.500.000 personas en todo el país, esto no solo rompe lo relativo al presupuesto universitario “sino el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”. Todo lo contrario a lo que sucede hoy en la calle, donde la democracia queda expresada en la gente moviéndose en esta 4° marcha durante el período libertario, y de sectores que se plegaron y convocan a seguir resistiendo este tipo de políticas de daño social. Voces desde la calle que explican sin casettes por dónde moverse.
Por Franco Ciancaglini. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Hay muchos jóvenes.
Muchos docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, Córdoba, en Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca y así.
Hay una Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que llega y gente que se va.
Gente que estuvo todo el tiempo.
Hay jubilados y jubiladas que marchan todos los miércoles.
Está el movimiento disca, también siempre presente.
Hay sindicatos, como la UOM o los Aceiteros, y parte de la CGT que brindó su apoyo y movilizó algunas columnas dispersas.
Hay carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes, de todos lados, sobre todo llegados de fuera de la Capital Federal.
Muchas personas que viajaron desde lejos para sumar su cuerpo, su cartel, su grito, su aplauso.
Que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.

“Milei cumplí la ley”
Es la cuarta.
Las tres primeras Marchas Federales Universitarias fueron las más masivas contra el gobierno de Milei. Esta no fue la excepción.
Desde el escenario calcularon alrededor de un millón y medio de personas movilizadas en todo el país.
Lo incontable es todo lo que sucede alrededor de esta bandera argentina que significa la universidad pública.
Una bandera que cobija a miles de generaciones que se reunieron hoy en la Plaza de una manera conmovedora: relatando, en esta crónica, cómo el acceso a la educación libre, gratuita y de calidad “cambia vidas, motoriza el ascenso social y brinda soberanía a un país”. Así lo sintetizaron en un documento leído por la FUA (Federación Universitaria Argentina” que se tituló: “Cuarta marcha federal universitaria: 203 días sin aplicar la Ley. Por la universidad pública y en defensa de la democracia”.
El planteo central: “El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República: ignora la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, sancionada y ratificada por amplias mayorías en el Congreso, y desoye los fallos de la Justicia que ordenan su cumplimiento inmediato. Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario: es el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”.


Algunos datos de contexto:
- Los salarios de quienes trabajan en las universidades argentinas bajaron el 34,5% en el mejor de los casos, o más del 40% según otros cálculos. Es como si en los últimos dos años no hubieran cobrado entre 8 y 10 salarios. Los números simbolizan lo presupuestario, pero tal vez no logren mostrar el daño institucional, social, familiar y personal que provoca la política del gobierno.
- El actual es uno de los menores porcentajes históricos que el Presupuesto Nacional asigna a las universidades, en las que el 57,6% de los graduados son primera generación de sus familias en llegar a los estudios superiores. Esa posibilidad es una de las cosas que se está quebrando, como lo señalaban los cartones manuscritos en los que se leía: “Sin educación no hay futuro”.
- La importancia que el gobierno de Milei le da a la educación se expresa en la aplicación de un nuevo recorte del Presupuesto Nacional de 3 billones de pesos en temas de energía, obras públicas, urbanización y hasta tratamientos contra el cáncer (63.021 millones de pesos que explican que la palabra crueldad tal vez ya no alcance para definir lo que está ocurriendo). Para el tema educativo, el recorte es de 78.768 millones de pesos.
- Ese incalificable decreto de ajuste fue firmado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo. El lado B de la situación aparece en casos como el $LIBRA o el ANDIS, donde se detectaron sobreprecios en sillas de ruedas, andadores, medicamentos y tecnologías para diversos tipos de tratamiento del orden del 200% en los casos más leves, hasta productos sobrefacturados en un 4.239%. A lo que habría que agregar 3%, Spagnuolo, Esper, Nucleoeléctrica, Adorni, posibles sobresueldos oficiales, entre otras cosas.
- Volviendo a lo estrictamente universitario, esta licuación económica va generando, además, un éxodo permanente de docentes que está vaciando una educación de calidad históricamente reconocida a nivel continental y global.

Docentes Uber
Los testimonios desde la calle permiten entender de manera simple la complejidad de lo que está en juego.
Primero, pequeñas escenas concretas. Lucía Darandal, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, resume “lo más visible”: el salario de los docentes. “Cada vez les está costando más llegar a fin de mes. Muchos están teniendo más de un trabajo para poder sostenerse, muchos tienen familias que mantener. Ahí está el primer deterioro que se va acentuando. Lo mismo pasa con los trabajadores no docentes”.
Las becas: “La beca Progresar quedó congelada en 35.000 pesos y eso prácticamente no alcanza. Hay estudiantes a los que cada vez se les complica más pagar el alquiler, porque recordemos que también hay estudiantes que viajan desde otros lugares de la Argentina”. Y los horarios: “Faltan horarios en el turno noche. Entonces hay menos posibilidades para que el estudiante trabajador pueda cursar”.
Desde Rosario, el médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, Damián Verzeñassi, lo traduce en una imagen todavía más brutal: “Más de la mitad de los trabajadores universitarios cobran por debajo de la línea de pobreza” y agrega que hay docentes “que con lo que cobran no pueden pagar siquiera el costo del transporte para llegar a dar clases”.
Rosario Kairuz, estudiante de Sociales UBA, cuenta cómo eso impacta directamente en las cursadas: “Las materias de la orientación en investigación prácticamente no cuentan con ningún tipo de horario. Se ofertan un cuatrimestre sí y otro cuatrimestre no”. Y agrega otro ejemplo síntoma del deterioro: “Quienes siguen la orientación de producción no cuentan con materiales ni con equipos para realizar los distintos talleres audiovisuales”.
Nicolás Núñez, docente de Sociales e integrante de AGD, completa la escena desde el otro lado del aula: “El incumplimiento de la ley y los dos años de profunda pérdida del poder adquisitivo de la docencia universitaria nos empujaron a todos a buscar otras formas de sobrevivir: desde las clases particulares hasta manejar Uber o hacer trabajo freelance”. Le pone una cifra al éxodo: “Hay 10.000 docentes que ya decidieron abandonar las clases”.


Plata para la deuda
Más acá de los números, lo que aparece en la calle es que el conflicto universitario dejó de leerse hace rato solamente en términos presupuestarios. Ya no se trata únicamente de números, partidas o balances, sino de una marcha que Gonza Giles, escritor, periodista y divulgador sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) y neurodivergencias, planteó,como “una defensa colectiva contra el descarte humano”.
Gonzalo habló en nombre del movimiento de personas discapacitadas: “Nos quieren convencer de que ajustar es gobernar, que destruir derechos es modernizar, que dejar gente afuera es eficiencia. Necesitan que la sociedad mire al otro con sospecha, porque cuando logran que el pobre sospeche del que tiene una discapacidad, que el trabajador sospeche del estudiante y que todos sospechen de todos, el ajuste entra más fácil”. Por eso insiste en que “no es un problema económico, es ideológico. Porque plata hay. Lo que no hay es humanidad. Hay plata para deuda, hay plata para represión, hay plata para departamentos que no pueden utilizar, pero no hay plata para que una persona con discapacidad viva dignamente, no hay plata para universidades, no hay plata para ciencia, no hay plata para salud”.

En la marcha volvió a quedar en evidencia que no solo la universidad es una consigna de unidad, sino que las luchas comienzan a entrelazarse unas y otras: los hospitales, la discapacidad, los jubilados, el trabajo. Por eso tuvo tanto peso simbólico la presencia de sindicatos como la UOM. “No es frecuente que los estudiantes y los laburantes estén juntados”, reconoce Darío Dani Román, metalúrgico, “pero en estos tiempos hace falta estar juntos”. Y agrega: “Estamos presentes en todas las luchas populares en las que haga falta estar para dar vuelta esta situación”. Desde la medicina, Damián Verzeñassi amplía: “Esto que está pasando con la universidad —que es lo mismo que pasa con los hospitales, con las personas con discapacidad y con los jubilados— debería ser un elemento más que suficiente para que todo el arco político no fascista se decida a organizarse, a unirse y a encontrarse”.
En Sociales UBA, Rosario Kairuz cuenta que ya empezaron a discutir cómo sostener esa articulación: “Hay que unir esa lucha con docentes y no docentes. Los reclamos estudiantiles no pueden darse solos”. Nicolás Núñez, de AGD Sociales, insiste en que “esta marcha no puede ser un punto de llegada sino un punto de partida” y plantea recuperar algo de lo que ocurrió en 2024 con las asambleas interclaustros y las tomas de facultades. Para él, que habla desde la academia, “nuestra suerte está atada también a los reclamos de discapacidad y a los reclamos de tantos sectores postergados por este gobierno, con los que tenemos que unirnos, como los jubilados”.



El contagio
Pero… ¿cómo? La respuesta más repetida en la calle vuelve a ser la movilización. “Hay que seguir viniendo a las marchas, hay que seguir visibilizando y exigiendo”, plantea Gonza, y agrega que tanto el Poder Judicial como el Legislativo “tienen que ponerle un límite a este gobierno”. Darío Dani Román de la UOM, coincide: “La única arma que tenemos nosotros es salir a la calle, manifestarnos y sostener la pelea hasta el final”. Milagros y Facundo, estudiantes, lo resumen todavía más simple: “Seguir marchando, seguir protestando, para que se den cuenta de lo que quiere la gente”. Damián Verzeñassi suma otra dimensión: “La marcha de hoy tiene que decirles claramente que no les vamos a dejar pasar ninguna más”. Pero además propone “avanzar en una estrategia jurídica muy fuerte por incumplimiento de las funciones de los funcionarios públicos, desde el presidente para abajo, contra todos los responsables de no cumplir con una ley aprobada por el Congreso de la Nación”.
La última imagen que brota en la calle no es solo la de la crueldad, sino la de una brutalidad planificada. Gonza Giles lo explica claramente: “Necesitan universidades vacías porque el pensamiento crítico molesta. Necesitan personas aisladas porque los derechos organizan. Necesitan trabajadores cansados y estudiantes endeudados porque así envían un mensaje”.
Lo mismo dicen Vladimir y Adriana, de 19 años, pero ya orgullosos técnicos químicos. Mientras hablan levantan dos carteles que llaman la atención de todos:
- “Cuando la educación sea privada, seremos privados de todo” y
- “No se puede adoctrinar un cerebro lleno de conocimiento”.
Las letras están prolijamente dibujadas, en colores, y recortadas con paciencia y dedicación. “Estuvimos haciéndolos desde ayer, buscando frases, viendo todo lo que dice la gente, juntando opiniones. Y quedaron estas”, cuentan ellos, que hablan sosteniéndose la mano uno al otro.

Ella es de Moreno, él de José C. Paz. Egresaron de una secundaria técnica pública. Ella ahora estudia Ingeniería Aeronáutica en la UTN de Haedo. Él piensa anotarse en Agronomía. A ellos, además de todo, la universidad pública les dio el amor. Y desde ahí hablan:
“Vamos a ayudar a un comedor cerca de Cuartel V, en un barrio muy pobre. Hay familias a las que se les complica hasta estudiar. Regalamos hojas, útiles, lo que se pueda. Yo era de un barrio también muy humilde y mi primo no pudo estudiar, tuvo que dejar para ir a trabajar. Hacemos lo que podemos. Muchas veces no alcanza. Pero aunque sea una persona más que pueda estudiar, ya es una victoria”.
Él da vuelta el cartel y muestra la frase del otro lado: “Estamos acá también por vos, que pensás distinto”. Adriana dice: “Mucho se habla de que el odio se contagia, que vivimos una época de odio, que las redes muestran eso. Pero también el amor y la solidaridad contagian”.
Y sonríe.
Con esa sonrisa que contagia, y ese cartel colorido, revela que ella fue la responsable de que viniese su novio: “Esta es la primera vez que viene a una marcha. Yo ya había venido a la marcha antifascista. Así que bueno, ya traje a alguien más”.
Y la próxima, uno más.
Sí, sí. Ya hay dos amigos que querían venir y no pudieron por otros temas, pero tenían ganas.
Vladimir: ¿y qué te pareció tu primera marcha?
Nervioso al principio, la verdad. Pero estuvo muy bueno.
¿Por qué nervioso?
No sé, siempre las veía desde afuera y parecía otra cosa. Pero estuvo re bien la experiencia.
Ahora sonríen ambos.
Y saludan antes de desconcentrar por Diagonal Norte rumbo a tomarse dos micros y un tren para volver a su casa.
Sobre esa avenida céntrica, donde se recorta el Obelisco, pasarán
- junto a un joven con una remera de 2 Minutos y un cartel que dice: “Estéticamente superiores”, con la cara deforme del Presidente. Una ironía sellada con la firma de la Escuela Superior de Bellas Artes Antonio Berni.
- Cerca de Luna, de siete años, de la mano de Gloria, su mamá, chocha porque está caminando por la calle y no por la vereda.
- De una joven que tiene un cartel que da ganas de llorar: “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
- De un ruidoso grupo de la Escuela Secundaria de la Universidad de San Martín que trajo varios hits. El mejor:
“Con las lágrimas de Adorni
vamos a hacer una cascada
para que se metan todos
los pibes de la barriada”.
La gente desconcentra y va cantando “eaea” y también:
“Si el presupuesto no está
qué quilombo que se va a armar”.



La sensación es, como decía Gonza, que este es un punto de largada y no de llegada.
Que la cosa sigue.
En la calle, pero también en los barrios, en los comedores, y en las aulas.
Sigue cada miércoles en el Congreso.
Y todas las veces que hagan falta.
Porque hay muchos jóvenes.
Docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, en Córdoba, Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca.
Hubo otra Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que, aun cuando todo terminó, sigue llegando.
Hay más carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.












Nota
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.
Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol
–El sueldo no alcanza ni para comer.
Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.
También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.
Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.
Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Salir a la calle
El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.
La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.
La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.
Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:
- Docentes con sueldos indecentes.
- Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
- Basta de mentiras, amenazas y presión.
- Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
- Salud mental es llegar a fin de mes.
- Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Migajas
Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.
–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

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Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.
–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.
Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–.

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Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas
-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.
Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”.
¿Cómo sigue el curso de esta historia?
Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

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Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
POR FRANCO CIANCAGLINI

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