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Piden un nuevo juicio por el femicidio de Lucía Pérez
El fiscal Carlos Altuve reclamó hoy la realización de un nuevo juicio durante la audiencia en la que se apeló el fallo que dejó impune el femicidio de Lucía Pérez, 16 años, ocurrido en Mar del Plata en 2016. La cámara de Casación Penal de la provincia de Buenos Aires realizó este jueves en La Plata esa audiencia de apelación de un caso en el que el impresentable fallo (2018) del tribunal oral marplatense se regodeó en cuestionar a la víctima en lugar de dilucidar el crimen. El fiscal reconoció que la propia justicia no está dando respuestas y es parte del problema. La defensa de la familia de Lucía está de acuerdo con el pedido del fiscal de realizar un nuevo juicio. Participaron de la audiencia Marta Montero y Guillermo Pérez, padres de Lucía; la Madre de Plaza de Mayo Nora Cortiñas; la ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual Estela Díaz; Rosa Bru; Andrea Antico (pareja de Sergio Maldonado, el hermano de Santiago) y Gustavo el papá de Natalia Mellman, entre otras figuras. El pedido del fiscal deberá resolverse en un máximo de 20 días, para reescribir la historia de un caso emblemático, en un país en el que solo en lo que va del año hubo 70 femicidios.
Este jueves a las doce del mediodía en el Tribunal de Casación de La Plata comenzó la audiencia de apelación del fallo que dejó impune el femicidio de Lucía Pérez.
Le dieron la palabra a la defensa de la familia de la joven de 16 años asesinada. Entonces la abogada Florencia Piermarini se paró, y recitó: «Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. El violador eres tú». Es la letra del tema del grupo chileno LasTesis devenida en himno contra los femicidios.
Silencio.
Siguió Florencia: «Esto le dice Lucía a los jueces que la condenaron».
Silencio.
Mientras tanto en la calle doscientas mujeres bailaban y cantaban esa misma canción de cara al edificio. Sus dedos señalaban así al poder judicial y a la trama que construye la impunidad.
Pero ya no hay silencio. Es un estruendo.
Y se repite un grito: «Lucía somos todas».
En la sala, el momento culminante ocurriría cuando el fiscal Carlos Altuve planteó que el propio poder judicial es parte del problema, que no se está dando respuesta a la ola de femicidios que existe en el país, y solicitó que el juicio por el caso de Lucía Pérez se realice de nuevo, ante otro Tribunal.

Salir a la calle
Marta Montero, mamá de Lucía, se despertó el miércoles a las cinco de la mañana para ir a trabajar al Hospital Interzonal de Mar del Plata donde es enfermera. Volvió a su casa después de las tres de la tarde y junto a Guillermo Pérez, papá de Lucía, prepararon decenas de carteles con la cara de su hija y una frase: “Nulidad al fallo y condena por femicidio”. Después marcharon junto a una multitud que desbordó las calles de su ciudad para poner un freno a la violencia machista: un día antes Bernardo Luis Baraj, 50 años, había golpeado y arrojado desde un séptimo piso a Jordana Belén Rivero, de 28 años. Mientras marchaban, Claudia Repetto, 53 años, seguía, y sigue, desaparecida en esa misma ciudad desde el domingo pasado.
Terminada esa marcha y sin dormir, parte de la multitud llegó hasta La Plata. Se juntaron a la una y media de la madrugada para consensuar, entre 112 personas, las medidas para garantizar el cuidado de todes. Después subieron a dos micros y salieron a la ruta durante toda la noche.
“Ayer marchamos por Jordana, una manifestación multitudinaria, un femicidio terrible. Y a su vez marchamos por Claudia Repetto. -cuenta a lavaca María Inés de la Campaña Nacional Todas Somos Lucía-. Mar del Plata está viviendo un momento difícil con gran cantidad de femicidios. Fue impresionante el apoyo. Estuve con la familia de Jordana algunas horas en su casa, una de sus hermanas me decía: ‘jamás pensé que nos podía tocar a nosotros’, creo que a la ciudadanía en general le está pasando de pensar que no sabemos cuándo nos puede tocar a nosotres, a nosotras, a nuestras hijas, a un familiar. Eso es parte de lo que está generando una conciencia. Hay que hablar, sembrar conciencia. Y es fundamental que el Estado accione en forma inmediata, que las políticas públicas lleguen. Hoy estamos acá porque construimos justicia desde estos lazos que armamos”.

Acompañarse
Desde Ciudad de Buenos Aires a las nueve de la mañana salió una combi, tan repleta que implicó que un grupo de personas tuviese que viajar en tren. Entre quienes viajaban para acompañar estaba Andrea Antico, compañera de Sergio Maldonado (el hermano de Santiago): “Hay un patrón, ya sea en femicidios, en gatillo fácil, en el caso de Santiago: las familias padecemos lo mismo. Te agarra impotencia, no podés creer que siga sucediendo, la única forma es seguir luchando, acompañando a todas las familias. A veces con estos aires nuevos en la política te dicen: ‘hay una política del Estado de acompañar’, pero los jueces siguen siendo los mismos. Te agarra impotencia y una tristeza profunda pero lo que mantiene en pie a las familias es esto, la solidaridad, la empatía, no querer esto para nadie, gracias al acompañamiento creemos que se puede llegar a un cambio, en la lucha colectiva, solos no podemos”.
Gustavo Melmann lleva la foto de su hija Natalia en el pecho y la de Lucía en las manos. “Hoy estamos esperando que la justicia sane el error cometido. La Argentina está esperando que los jueces den la posibilidad de que se haga un juicio justo”, dice en la puerta de los Tribunales donde también esta Rosa, mamá de Miguel Bru, que reconoce: “Mi hijo venía a la marcha de un chaboncito, como decía él, y a mí nunca se me dio por decir: ‘dónde es, dónde hay que ir. Era el problema de otro. Entonces cuando empecé a ver que tanta gente te acompañaba, se comprometía, para mí fue una enseñanza. Nos tenemos que involucrar, estar y colaborar en lo que se pueda. Digo siempre: lo que hicieron conmigo lo voy a devolver, estar, acompañar, asesorar”.
¿Qué une casos como el de Miguel y el de Lucía?
El juez Natiello que hoy está en el tribunal, integraba el Tribunal de Casación cuando estaba la causa de Miguel. Y además nos une la solidaridad, estar acá, acompañar, saber lo que significa. Uno en estos casos es multitud. Muchas veces cuando empezaba la marcha de Miguel yo decía: ‘que poquitos somos’, y después iban viniendo de a uno, se iban sumando, por eso siempre sostengo que uno es un montón.

La máquina de impunidad
Lucía tenía 16 años cuando la mataron. Nadie está preso por su femicidio.
Matías Farías, 23 años, y Juan Pablo Offidani, 41 años, la llevaron a la sala de salud de Playa Serena el 8 de octubre de 2016. Llegó muerta. Un día después los detuvieron en una camioneta Fiat Strada gris donde se encontraron 38 gramos de cocaína y 250 de marihuana. El tercer detenido fue Alejandro Maciel, 61 años, acusado de encubrimiento agravado por ayudar al lavado del cuerpo muerto. En el juicio oral, Farías y Offidani fueron condenados a ocho años de prisión y una multa de 135 mil pesos por el delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser en perjuicio de menores de edad y en inmediaciones de un establecimiento educativo”. Maciel fue sobreseído.
Nadie fue condenado por el femicidio: los jueces Pablo Viñas, Facundo Gómez Urso y Aldo Carnevale (Tribunal Oral en lo Criminal N°1 de Mar del Plata) consideraron que a Lucía no la mataron –se murió– ni la violaron, sino que la actividad sexual comprobada en la autopsia había sido consentida.
Todas las partes apelaron.
Muchas de las mujeres que acompañaron la audiencia de apelación del vergonzoso fallo llevaron remeras que decían: “Código Penal. Art. 80.11 Art. 119. 4to parr”. Son los artículos de femicidio y de abuso sexual con acceso carnal.

Hacer justicia
La familia de Lucía Pérez entró a los tribunales acompañada de las abogadas Florencia Piermarini y Verónica Heredia. Minutos después llegó Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora mientras las mujeres en la calle gritaban “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”. La audiencia fue en la Sala IV de la Cámara de Casación en La Plata con los jueces Natiello, Kohan y Mancini.
La abogada Florencia Piermarini cuenta a lavaca: “Arrancamos contestando las tres preguntas que se hizo el tribunal para absolver a Farías, Offidani y Maciel, que tenían que ver con juzgar y violentar la intimidad de Lucía Pérez Montero. Dimos respuesta nosotras a todos los prejuicios que atravesaron esa sentencia que lo único que hace es reeditar la vida de Lucía para convalidar que estuvo donde quería con quien quería, y nos pareció que teníamos que responder esa sentencia. Ese fue el objetivo de la exposición”.
¿Cuál fue el planteo de la defensa? “Pedimos nuevamente que se los condene por el delito de abuso sexual con acceso carnal seguido de muerte en concurso ideal con el femicidio, tanto a Farías como a Offidani. Y pedimos que se revoque el fallo que se absuelve a Maciel por encubrimiento agravado. Creemos que el Tribunal tiene elementos suficientes dentro del expediente para poder dictar la sentencia que estamos pidiendo. Nos acompañó el fiscal de Casación Carlos Altuve, quien pidió que se haga un nuevo juicio oral. Y después, lamentablemente, tuvimos que escuchar todos y cada uno de los párrafos de la sentencia en boca de la defensa de los acusados e inclusive escuchar alegar a la defensora general en relación a que no se podía concursar el derecho penal en aras de reclamos feministas. Parece que la perspectiva de género, la figura de femicidio, la ley de protección de violencias contra la mujer, la convención de Belém do Pará no existen”.

Agrega la abogada Verónica Heredia: “Lo que nos llamó la atención de la defensa técnica de los imputados es que es una defensa oficial. Son funcionarios públicos, están obligados a respetar y tener una perspectiva de género porque es ley. No es una cuestión ideológica, si me gusta o no: es la ley, lo dicen la Constitución y los tratados de Derechos Humanos”. Responde Verónica Heredia.
¿Cuáles son las respuestas posibles que puede dar el tribunal?
El tribunal puede confirmar la sentencia tal como lo pide la defensa, pude hacer lugar a lo que nosotros pedimos, que es que ellos mismos condenen con los elementos que ya hay y digan que son responsables por la violación y el femicidio de Lucía. O que hagan lugar a lo que dice el fiscal Altuve y que hagan el reenvío. Nosotros esta opción si bien no la peticionamos expresamente, porque técnicamente nos ajustamos a lo que había pedido la anterior querella, la vamos a acompañar y en definitiva lo que también queremos.
¿En caso de que se haga un nuevo juicio es con otro tribunal?
Sí o sí tiene que ser con otro tribunal y obviamente vamos a pedir que la jurisdicción de la fiscalía de Mar del Plata tampoco intervenga. Pensamos que todo el sistema de acusación del Ministerio Público Fiscal está viciado para llevar adelante una nueva acusación y sostener un nuevo juicio en este caso. Vamos a pedir a las autoridades cambiar la jurisdicción de la fiscalía.
En relación a Mar del Plata se llega a la audiencia de hoy mientras hubo un nuevo femicidio y con una mujer desaparecida, ¿qué papel tiene el Poder Judicial en esta realidad?
El fiscal de Casación en ese sentido estuvo realmente muy certero porque dijo: ‘nosotros somos responsables, hay un femicidio cada 23 horas en Argentina y la justica, nosotros, no le estamos dando respuesta. Nos tenemos que hacer cargo de que somos parte del problema’. Nos llamó la atención también porque no estamos acostumbrados a que el Ministerio Público Fiscal se haga cargo del rol que tienen en cada femicidio que se produce.
¿Cuándo se espera la respuesta del tribunal?
Piermarini detalla: “Dijo el juez Kohan, que la sentencia va a estar en término de ley y eso es en máximo 20 días”.

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Lucía Pérez: la lucha para que al femicida Matías Farías no le bajen la condena

(por Evangelina Bucari desde Mar del Plata, para lavaca)
Casi una década después del crimen que conmocionó a la Argentina y dio origen al primer Paro Nacional de Mujeres, el caso de Lucía Pérez enfrenta un nuevo capítulo judicial y otra instancia de revictimización para su familia, que ya atravesó todo tipo de maltratos en la búsqueda de justicia por el narcofemicidio de su hija de tan solo 16 años. (Foto de portada, Marta Montero y Guillermo Pérez, padres de Lucía, junto al abogado Juan Pablo Gallego)
En los tribunales de la calle Almirante Brown, en Mar del Plata, se lleva adelante una audiencia de cesura, un proceso de dos jornadas para determinar una nueva pena para Matías Farías, condenado por femicidio pero beneficiado el año pasado por un polémico cambio de carátula que hora le permitirá recibir una sentencia significativamente más baja que la prisión perpetua que cumplía.
Tras un primer día (el miércoles 29 de abril) marcado por las declaraciones testimoniales que buscaron trazar el perfil del condenado y el impacto del crimen, la segunda jornada estará centrada en los alegatos finales de las partes.
El eje de la controversia radica en un fallo de 2025 de María Florencia Budiño y Víctor Violini, integrantes del Tribunal de Casación de la Provincia de Buenos Aires, quienes resolvieron que el asesinato de Lucía no constituyó un femicidio, sino un “abuso sexual agravado”.
Esta reconfiguración del delito tiene consecuencias directas en la condena: mientras que el femicidio conlleva prisión perpetua, la nueva carátula reduce el rango de la pena a un espectro de entre 8 y 20 años de prisión.
La querella, encabezada por el abogado Juan Pablo Gallego, adelantó que tanto la fiscalía como ellos pedirán la pena máxima posible. Sin embargo, aclaró que también plantearán una vía alternativa: “De manera subsidiaria, vamos a sostener la figura de femicidio, porque entendemos que la orden de Casación ha quedado abstracta”.
Sobre lo ocurrido en la primera jornada, el abogado destacó que “solo declararon los padres de Lucía”, y que Marta Montero, la madre, “tuvo una posición muy categórica, responsabilizando al Estado por el daño que viene padeciendo la familia”.
Gallego también cuestionó con dureza a la defensa: “Presentaron dos testigos falsos que terminaron en un papelón, en un contexto de muchísimo agravio hacia la víctima”. Pese a ese escenario, aseguró que la querella se retiró conforme con el desarrollo de la audiencia y con expectativas de cara a los alegatos finales.
En medio de esta tensión, la causa sumó otro giro relevante. Juan Pablo Offidani, condenado como partícipe secundario, vio revocada su libertad condicional hace apenas unos días. La Cámara de Apelación y Garantías hizo lugar al recurso del fiscal y la familia, y determinó que no se cumplían las condiciones para su excarcelación.
Offidani, quien inicialmente había sido beneficiado con la libertad tras pasar nueve años detenido, ahora deberá someterse a un régimen de semilibertad estrictamente supervisado, con salidas diurnas limitadas y la prohibición absoluta de acercarse a menos de 200 metros de la familia Pérez Montero.

En la puerta del juzgado, familiares y manifestantes con el abogado Juan Pablo Gallego, que explica:“Estamos ante un caso en el que, por motivos que se desconocen o por relaciones de poder, se busca beneficiar a una persona claramente identificada como autor de un crimen que el Código Penal define como femicidio”.
Ni un paso atrás
La defensa de la familia Pérez Montero advirtió que si el tribunal local no convalida la gravedad del crimen y el perfil peligroso del condenado, recurrirán a la Corte Suprema o incluso a instancias de justicia internacional.
En cuanto a los fundamentos del fallo que modificó la calificación del caso, Gallego fue contundente: “En casi todos los párrafos, la propia Casación reconoce que se trata de un delito en un contexto de violencia de género, por lo que no se entiende el motivo de haber descartado el femicidio”.
En esa línea, vinculó la decisión con una coyuntura política específica: “En ese momento –señaló– se hablaba de eliminar la figura del Código Penal, cosa que finalmente no ocurrió”. De todos modos, se mostró confiado en que esa interpretación pueda revertirse.
Fue enfático en afirmar que desde la familia “no vienen a inventar una verdad”, sino a mostrar que los hechos probados encajan perfectamente en la figura que intentó “borrar” la Cámara de Casación. “En la audiencia de cesura volvió a quedar acreditado, como en todas las resoluciones y los juicios, que inequívocamente existió femicidio”, remarcó el abogado. Por eso, consideró que “estamos ante un caso en el que, por motivos que se desconocen o por relaciones de poder, se busca beneficiar a una persona claramente identificada como autor de un crimen que el Código Penal define como femicidio”.
Marta, que desde el día uno no dejó de luchar por su hija y “por todas las Lucías”, tiene una pregunta muy sencilla para hacerle a la justicia: “Si lo que le hicieron a Lucía no es femicidio, ¿entonces qué es?”.
Cronología de 10 años de impunidad y lucha
2016: Lucía es drogada, violada y asesinada el 8 de octubre. Las pericias forenses confirmaron que la última penetración anal infligida a Lucía ocurrió mientras ella agonizaba. Tenía rastros de drogas en su sangre.
2018: un primer juicio «misógino» absuelve a Matías Farías, Juan Pablo Offidani y Alejandro Maciel, los tres implicados en la violación y el femicidio de Lucía, condenándolos solo por venta de drogas.
2020: Casación anula ese juicio por contener «intolerables prejuicios de género».
2023: en un segundo juicio, Farías es condenado a perpetua por femicidio. Y Juan Pablo Offidani recibió la pena de 15 años de prisión por resultar partícipe secundario del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el suministro de estupefacientes, y Alejandro Maciel, no recibió condena porque había fallecido en 2020.
2025: Un nuevo fallo de Casación “borra” el femicidio, e impone una audiencia de cesura para revisar la condena de Farías.
29 y 30 de abril de 2026: se desarrolla la audiencia de cesura.
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Cecilia Basaldúa: su cuerpo, en una fosa común

Por Bernardina Rosini para lavaca.org
Desde Córdoba
Bajo la lluvia, debajo de un árbol, rodeados de las personas que los acompañan desde el femicidio de Cecilia Basaldúa, hace 6 años, sus padres hicieron una conferencia de prensa que no tendría que haber sido necesaria. Susana Reyes y Daniel Basaldúa debieran estar viviendo esta jornada de otro modo. Debieran poder decirle a su hija que la extrañan pero que lograron hacer justicia, que descanse en paz. En cambio, están parados en el cementerio de San Vicente de Córdoba Capital, en una ciudad que no es la de ellos, sin saber con certeza si el cuerpo que está allí es el de Cecilia.
Este sábado se cumplen seis años desde que apareciera el cuerpo de Cecilia Basaldúa en un codo de río de Capilla del Monte. Tenía signos de abuso sexual y estrangulamiento. Llevaba veinte días desaparecida. Era la peor noticia que podían recibir sus padres. Hoy reciben otra: Cecilia está enterrada en una fosa común, junto a desconocidos (según el reporte que les entregaron se tratan de “Silvia Becerra” y “Eduardo Arce”) en este cementerio. Nadie les avisó. No fueron notificados. No estuvieron presentes. No dieron su autorización.

«A nosotros nos mataron a nuestra hija y queremos justicia», dice Daniel. «Debe haber responsables, debe haber firmas, nombres de quienes han autorizado esto. Se tiene que encargar la misma justicia de dar con el o los asesinos pero también de los responsables de estos traslados del cuerpo. Ya sé cuál es su argumento: que nosotros sabíamos, y lo digo de nuevo acá: nosotros no sabíamos nada».
Susana apunta a los próximos pasos: «Queremos un ADN. Nosotros no tenemos la certeza de que allí está enterrada Cecilia. Es una incógnita».
Un cuerpo desaparecido
La abogada querellante Gisela Videla explicó lo que esa incógnita significa en términos jurídicos y humanos: «Desde una perspectiva de derechos humanos, el cuerpo de Cecilia, hasta que no se sepa efectivamente dónde está, es un cuerpo que está desaparecido. Si hoy nos dicen que en la morgue ya no está y estaría supuestamente acá, pero con una cadena de custodia rota, no sabemos efectivamente: el cuerpo de Cecilia está desaparecido hasta que se haga este ADN». Y agregó: «Desde el punto de vista humano, es una crueldad manifiesta y sistemática que se viene dando para con estos padres. Sigue siendo un ninguneo y un manoseo de una situación tan dolorosa como es la de perder a una hija y a seis años que no haya ni una persona imputada en relación al hecho en sí».
Para entender cómo se llegó hasta acá hay que volver a noviembre de 2021. Antes de que comenzara el juicio que finalizaría absolviendo a Lucas Bustos, la querella presentó por escrito su oposición explícita a que el cuerpo fuera retirado de la morgue judicial. La familia quería avanzar con pericias más exhaustivas. El escrito quedó en el expediente. El cuerpo fue enterrado igual.
La familia no supo nada de esto hasta octubre de 2024, en una reunión con la actual fiscal de la causa, Sabrina Ardiles –la cuarta en hacerse cargo de una investigación que pasó también por Paula Kelm, el fiscal de Cámara Sergio Cuello, Barrera y Nelson Lingua–. Ardiles les mostró un papel, un comunicado. El cuerpo de Cecilia no estaba en la morgue judicial como ellos suponían desde hacía cinco años.
Cuando la fiscal habló públicamente sostuvo que la familia había sido notificada. La abogada querellante Daniela Pavón lo desmintió: el oficio estaba en la causa desde noviembre de 2021, pero la querella no tuvo acceso al expediente de Bustos desde su elevación a juicio. No existieron las varias notificaciones que mencionó Ardiles. El cuerpo de Cecilia Basaldúa fue inhumado sin autorización, sin consentimiento, y en condiciones que los propios trabajadores del cementerio calificaron hoy como «extrañas».

¿Quién mató a Cecilia?
Cecilia no murió una sola vez. La mató uno o varios femicidas que todavía caminan libres. La mató una fiscal que apuró el cierre de la investigación, mantuvo en prisión dos años a un joven inocente y puso la firma para que se desarrollara lo que terminó siendo un simulacro de proceso judicial. La mató un sistema que apostó durante años a fiscales que demoraron, desgastaron y clausuraron posibilidades reales de avance en la causa. La mató la burocracia que perdió el oficio, o lo ocultó, o simplemente decidió que no importaba notificar a sus padres que el cuerpo de Cecilia sería retirado de la morgue y enterrado. Cada institución que intervino en esta causa dejó su marca sobre ella. Una cadena de violencias. Una cadena de femicidas.
Además de los cuatros fiscales, el cuadro de estos seis años es éste:
- Cuatro policías presos por violencia de género, entre ellos quienes dirigieron la búsqueda y la investigación original.
- Un imputado absuelto porque las pruebas no existían.
- Un sospechoso principal -Mario Mainardi, la última persona que alojó a Cecilia en Capilla del Monte- que vendió sus pertenencias, borró mensajes, pintó la casa donde ella se hospedaba (donde se registraron once muestras positivas de luminol) y se mudó a Rosario: libre, sin imputación, sin investigación que lo alcance.
- Y un cuerpo enterrado sin autorización, en una ciudad que no es la de su familia, en una fosa que no eligieron.
La Ley de Víctimas 27.372 existe para que nada de esto ocurra: garantiza el derecho a ser asesorado, a acceder a la justicia, a recibir protección y a ser escuchado durante todo el proceso penal. El Estado cordobés la violó en cada uno de esos puntos tal vez porque se entrena para lo contrario.
Al cerrar la jornada en el cementerio, Daniel y Susana repitieron el profundo agradecimiento a quienes siempre los acompañan, “la familia Basaldúa ahora es grande, y yo sé que Cecilia nos está dando fuerza, está por ahí dándonos fuerza”. Gran número de las mujeres presentes vinieron desde Capilla del Monte, traen su rostro y gritan “Cecilia Gisela Basaldúa, ¡Presente! ¡Ahora y Siempre!”
Este sábado la actividad continuaba en Capilla del Monte donde la Mesa de Trabajo «Justicia por Cecilia» convocó una movilización “por Memoria, por Verdad y Justicia, y para que los culpables de su femicidio sean condenados”.
La semana que viene, sus abogadas harán una presentación judicial para determinar responsabilidades en torno a las órdenes que se dieron para sepultar sus restos sin consultar a la familia.

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Adiós a Claudia Rodríguez: la Trans andina que propuso politizar el amor

Referente del movimiento trans latinoamericano, activista, poeta, escritora y tanto más, escribió sobre su infancia, la militancia trans, la vida sexual y se autoproclamó Miss Sida en 2007. Claudia Falleció este 29 de Noviembre. Su pelea incluyó al pueblo mapuche, la educación pública, los sin techo, y planteó siempre una filosa crítica al neoliberalismo, que quita posibilidades de vida y las transforma solo en posibilidad de consumo. En uno de sus viajes a la Argentina compartió con la revista MU sus ideas sobre el orgasmo, el feminismo sin resentimiento, la creación, y por qué hay que politizar el amor. Un modo de homenajearla, de recordarla, y a la vez de volver a estar en contacto con un pensamiento y una acción que dejan una sensible huella cultural, artística y política.
Por María del Carmen Varela
Foto: Lina Etchesuri

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